lunes, 30 de julio de 2012

Tal vez


Pensarás que tu vida será como la has planeado, 
que al final encontrarás aquel trabajo que deseas y ese piso será vuestro hogar,
para siempre
Pensarás que no hay otra persona que te pueda hacer más feliz en esta vida
Aunque te duela
Pensarás que te querrá para siempre, que está hecho para ti
Que formáis uno solo porque de eso se trata
Y tal vez tengas razón
Tal vez.

Pero nunca te quitarás de la cabeza por qué sonríes así cuando me ves
Pensarás más de una vez que los labios de otra vida
a veces no se estancan en el pasado
Y que la memoria tiene vida propia y los recuerdos vuelven cuando menos te lo esperas.
Aunque seas feliz
Y aunque te duela.

Y aquellos inmaduros revolcones volverán a ti como un relámpago en primavera,
como una sonrisa en un entierro.
Como un sombrero sin su dueño.

Será tan de repente que reirás ante tu desajustada memoria
Pero los juegos mágicos de dos enamorados bailarán siempre sobre tu mente
En cualquier momento.

Y me encontrarás entre el gentío como un destello en un día tenebroso
Y me verás al otro lado del espejo
y sentirás los abrazos que un día lo fueron todo
Y volveré a nacer entre tus dudas de hormigón,
las que pensabas que ya no tenías
Porque pensabas que ya no me amabas

Entonces verás en mí la misma sonrisa que nunca he dejado de mostrarte,
porque nunca he sido capaz de olvidarte
Y entre los piojos que saltan de corazón en corazón en el mío se paró uno hace muchos años.
Y parece q no quiere marcharse
Y te darás cuenta de que el tuyo tampoco se había movido,
que sólo estaba asustado

Y te repetirás a ti misma que yo te querré para siempre
Que nunca vas a dejar de quererme
Y entonces sonreirás hacia tus adentros
Porque por fin habremos formado nuestro uno, con nuestros corazones

Y creerás que por fin la vida te sonríe
Pero qué caprichoso es el tiempo
Que una vez en tu vida no irá a tu favor
Y sí al mío
Porque, tal vez,
mis ganas de una vida perfecta mueran entre el avance de sus agujas
Y el olvido habrá hecho en mí un hombre a base de golpes en el pecho
De cicatrices de heridas abiertas
Pero curadas con sal, para que el dolor no vuelva a salir
Y así, tal vez,
Podré acercarme al olvido por última vez 
y ya no recordaré por qué estuve tanto tiempo en él
Y entonces, tal vez y sólo tal vez.
Por fin me sienta libre

miércoles, 4 de julio de 2012

Tango de las vírgenes suicidas


Nos manchamos la piel de sudor barato,
el mismo que dejan los polvos mal hechos
y las prisas por buscarnos.
Nos encontramos en una orgía de putas y vírgenes
porque siempre la más puta una vez fue la más virgen.
Y viceversa.

Me tomaste la mano y yo me vendé los ojos
Y bailamos el tango de las vírgenes suicidas,
por si acaso no recordábamos que los cojos siempre cojean
y que los ciegos nunca pueden ver.
Y por no ver me encontré de espaldas al destino,
señalándome mientras le guiñaba un ojo a tus caderas

Y el flujo de tu sexo en mis dedos,
y el pasado que vuelve,
y el presente que me escupe

Con cada calada del podrido deseo
un corazón maltrecho vomita sangre con astillas como lágrimas
Y el mar que sale de los ojos inundados en forma de pesadilla
Los abro por fin
y otra vez el sudor barato penetra en mi camiseta

Dónde están los putos gallumbos,
dónde está mi alma
que me ha abandonado entre gemidos que parecían olvidados
Entre recuerdos con escarpias,
entre sombras de terceros que piden paso para el baile

Y las máscaras del tiempo se camuflan
Y los pensamientos hablan del ayer,
sin pretéritos,
ni perfectos, ni imperfectos
Sólo carne al fin y al cabo
Sólo sudor, y luego lágrimas

Y el baile que ya no enamora
Porque amar sólo es el principio de la amargura
Y las vírgenes, mientras tanto,
Ahí siguen con su tango

martes, 3 de julio de 2012

Dime tú, Albertito


Seis años de llantos amargos y noches de vacío
Tristes historias recordadas por viejas fotos
un álbum que duele con cada página
Sonrisas de un niño que ya no ríe
O tal vez de un padre,
una madre o un hermano
Qué más da albertito
Si cuando alguien cercano muere 
siempre duele el doble
Pero qué sabrás tú si los tuyos no iban en ese metro
Que eso de la curva solo lo conocías por la leyenda de la niña
la que dijo ten cuidado, ahí me maté yo
Qué tiene eso ahora de leyenda
Y qué de realidad albertito…

II
Dime tú albertito qué ves en aquella curva ahora.
flores frescas q representan 43 muertes que pretendes olvidar.
Por suerte el alma no conoce de silencios
y los gritos de quienes ya no viven 
se escuchan desde las voces de quienes les recuerdan,
Dime tú  albertito si ya no recuerdas el dolor de perder un ser querido
Dime tú si la memoria merece ser olvidada
Si quien se fue merece esa suerte
Dime tú albertito  si esas flores que mañana marchitarán 
serán lo único
que les quede a los familiares.

III
Pregúntales qué se siente cuando un error ajeno,
sea el q sea,
termina con la vida de uno de los tuyos
Pregúntales qué se siente cuando aquellos a quienes votas nunca te hacen caso
Ni cuando te mueres
Ponte en su lugar  albertito, sé que será difícil,
que eres político y todo eso
Que uno
en tu situación
termina olvidándose de los demás
Pero al fin y al cabo eres el presi
El gobernante de los valencianos
Dime tú albertito, contéstame de corazón
Sin cámaras, sin periodistas
y sin interpretaciones
Por qué paquito nunca recibió a las víctimas
Por qué sigues su camino
Dime tú, albertito, que tanto sabes
por qué algunas veces
siempre en las más dolorosas,
la vida quema
las prisas matan
y la muerte alivia.

martes, 26 de junio de 2012

Nos vemos en el infierno


No se preocupen por mí, 
cuando me lean ya estaré muerto.
Preocúpense por los demás,
los que corren el riesgo de morirse de hambre
mientras ustedes engordan sus bolsillos

Hoy debe ser su día de suerte, 
cuatro casas más que se quedan sin propietario
Lo malo será limpiar las calles de carnaza sin hogar
Pero de eso que se ocupen otros
Que solo estarán 4 años
Ya vendrán otros peores

¿peores? 

Sí, cada vez peores

Y nosotros les votaremos
porque el que sigue a un rebaño tiene algo de borrego
Esa es su suerte, 
como la pensión
Bien asegurada

Y nosotros, 
a trabajar
Quienes podamos, claro
Mientras, aprenderemos en casa
que sobran profesores, ya lo dicen

Pero que vengan más de ustedes
que el chorizo siempre da sabor

Hay que apretarse el cinturón,
dicen algunos
Los mismos que también quieren dar por el culo
Entonces no veo otra solución
que agujerarme los pantalones

Menos mal que siempre pueden dejarme las tijeras

En fin, nos veremos en el infierno
Que el cielo no es para mí
Y aquí ya hay sillas con sus nombres

domingo, 24 de junio de 2012

Las rosas también mueren

Lanzábamos cohetes de rosas muertas a la luna
pensando que así,
tal vez, y sólo tal vez,
en algún otro lugar podrían vivir

Cambiamos la rutina por espinas
así duele menos, decías
Pero dolía

Regábamos el jardín con agua mezclada con un poco de ahora
y muchos mañana qué
sin saber que la mezcla era lo de menos,
que podíamos regarlo cuando quisiéramos

Antes de la última calada de ese pitillo,
el mismo que te estás imaginando,
o tras apurar la penúltima copa de vino

Pero no fue así.

Nos preocupamos de cuánto tiempo teníamos
en lugar de hacerlo eterno
y ya veremos mañana si llueve
que todavía faltan un par de horas

Entonces apagamos todos los cigarros en una hoguera de cenizas
Y ya no volvimos a beber más vino de aquellas copas
Y acabamos perdiendo el aroma de las rosas
por no saber olerlas,
cuando aún estaban vivas.

lunes, 18 de junio de 2012

Nunca es tarde para aprender a cocinar


Siempre tuvimos la receta adecuada, 
pero fuimos incapaces de cocinar.
Yo con la dosis de ron
tú con la paciencia imperial

Llevabas los tiempos de cocción
Pero a la hora de la verdad siempre me faltaban huevos y,
cuando había, 
nunca era padre para comérmelos

Solo doy cucharadas de aceite
algunas veces de agua
Pero siempre quedas tú por encima
Porque lo mereces, porque nunca sé cómo hacerlo

Y, sin embargo, 
sonríes y me dices con tanta delicadeza
Tranquilo, 
siempre podemos pedir unas pizzas,

Y, entonces, 
el mundo entero parece que tenga solución,
haces que todo  sea fácil
Que de verdad valga la pena

Pero termino perdiéndome entre los ingredientes esenciales
Tú con el azúcar, tan dulce como siempre
Yo sin remedio
Echándole sal al café

Y vuelves a sonreír
vamos, me dices,
olvídate del café que no podrás dormir
Y me acuesto entre tus brazos
Y sueño que nunca es tarde para aprender a cocinar



jueves, 14 de junio de 2012

Los ángeles también saben besar


Hacía tiempo que no sentía esta sensación. Lo cierto es que no siempre uno tiene la ocasión de compartir su cama con otra persona. Aquella noche se presentaba larga, así que decidí abandonar mi sentido común por unas horas y emborrachar un maltrecho corazón a base de golpe de chupito.

Cuando en casa quedaban más recuerdos que vasos que tragar salí y anduve hasta que  la sed rompió la tregua. La brisa nocturna consiguió despejarme un poco y, al entrar en el primer pub que encontré,  con la valentía de un borracho me puse a hablar con ella. Parecía débil e indefensa y sus lágrimas no paraban de cesar.

- Hola, cómo te llaman—pregunté.

En otra ocasión hubiera pensado, por su silencio, en mil adjetivos que podrían salir de su boca hacia mí, ninguno de ellos bueno. Sin embargo, me escrutó con su mirada de arriba abajo y por fin habló. 

- Dime, y a ti qué te pasa.

¿Tanto se me nota?, pensé. Ella debió leerme la mente y mostró lo que parecía una especie de sonrisa. 

- Echa un vistazo a tu alrededor, aquí nadie parece feliz.

Las paredes de aquel local parecían guardar miles de historias desdichadas, cada cual más amarga. Perfectamente podría sentirme como en casa, pero había algo que allí fallaba. La joven de la barra contrastaba con aquella imagen depresiva. Era verdaderamente atractiva, su cabellera morena jugaba a esconder sus senos voluptuosos, si uno se fijaba mucho en aquel escote corría el riesgo de quedar atrapado en él para siempre. Su estrecha cintura tan sólo era la antesala de unas piernas largas y firmes, cruzadas de un modo que sólo los ángeles son capaces. Mis ojos, cargados de lujuria, exceso y whisky no podían mirar a otro sitio. 

- Como sigas mirándome la falda de ese modo voy a tener que quitármela.

Y ya no dijo nada más. La miré, me sonrió y me tendió la mano. Durante los próximos cuarenta minutos fui suyo. Nunca pensé que se podían hacer tantas cosas en el váter de un antro como aquél. Pero no acabó ahí. Me preguntó dónde vivía y la llevé a lo que, le advertí, era como un glacial.

- Para calentarme me basta con tu cuerpo—contestó mientras apresuraba el paso.

Y seguimos. No hubo conversación. Tan sólo follamos. Al entrar en mi casa me disculpé por no poder ofrecerle una copa de vino. Es normal, dijo ella, a estas horas todas están vacías. Entonces colocó su mano en mi nuca y me enseñó que los ángeles también saben besar. Entre cada respiración apasionada, dábamos pequeños pasos hacia mi habitación, estampándonos a cada momento contra las paredes. Al entrar en ella, la mantuve contra la puerta y le arrebaté de un solo golpe aquella blusa que tanto había hecho que me perdiera en el pub. Los botones salieron disparados en todas direcciones. Ella misma colocó mi cabeza entre sus pechos y veneré cada segundo que pasó en ese momento. 


Apoderado por la lujuria, levanté de un golpe una de sus piernas y mi mano se deslizó como quien tiene vida propia por su muslo. Tras encontrar lo que buscaba, pronto me di cuenta que ella no se había molestado en volver a ponerse su ropa interior. Sus gemidos, cargados de pasión, eran incontrolables. Mis ganas de hacerla mía me dominaban. Cuando estaba a punto de deshacerme de mis pantalones, ella me miró con cara de quien tiene ganas pero quiere mandar y me hizo retroceder hasta caer tumbado en la cama. Fue entonces cuando el tiempo pareció ralentizarse y mis convulsiones tuvieron que relajarse mientras ella besaba cada rincón de mi torso. Su cabeza subía y bajaba por mi cuerpo mientras su mano jugaba más abajo. Al cabo de unos instantes, cuando ella decidió que mis pantalones eran un estorbo, sentí como mi sexo se humedecía cada vez más. Desde luego, ella no pegaba nada en aquel pub, volví a pensar.

Horas después, mientras reflexionaba desde la cama en lo sucedido aquella noche, la observé dormir, parecía totalmente distinta. Como si llevara acostándose en la misma alcoba muchos años. Cuando despertó, le hablé mientras me sonreía. 

- Aún no me has contestado a mi pregunta
- Qué pregunta—dijo ella reincorporándose.
- Cómo te llaman

Hubo unos segundos de silencio, ella seguía sonriendo, me acarició el pelo, acercó sus labios a los míos y volvió a hablar. 

- Qué tal si primero volvemos a follar.